El origen de las bateas, una forma de vivir el mar

Todo comenzó a mediados del siglo pasado. Detrás del origen de las bateas en la ría de Arousa se esconde un fascinante relato colectivo de esfuerzo y dedicación

El origen de las bateas se remonta a mediados del siglo XX

Muchos lo han intentado copiar. Pero sin éxito. Para descifrar el origen de las bateas en la ría de Arousa hay que detenerse en un relato colectivo. En el esfuerzo y la dedicación de miles de hombres y mujeres que han creado una de las más fascinantes industrias agroalimentarias del planeta.

Todo comenzó a mediados del siglo pasado. Las primeras bateas existentes en las rías gallegas se colocaron en la de Arousa en la década de los 40.

En realidad, aquellos primeros artefactos estaban lejos de parecerse a los que hoy forman parte del peculiar paisaje que salpica la costa gallega.

Barcos viejos, barriles de vino… Los primeros miticultores recurrieron a un sinfín de fórmulas para cultivar mejillón colgado de unas cuerdas. Una idea que por aquel entonces parecía un tanto extravagante.

La idea no había sido genuinamente suya, pues en el Mediterráneo ya se había experimentado con las bateas para producir este bivalvo. Ocurre que sin demasiada fortuna.

¿Por qué? Principalmente porque las condiciones en aquellas aguas poco tenían que ver con las que se registraban en los mares de Breogán.

Así fue, efectivamente. Con el paso de las décadas, los bateeiros fueron experimentando con materiales y sistemas de producción hasta encontrar las fórmulas óptimas para producir mejillón.

Y la industria se fue extendiendo desde la ría de Arousa a las de Pontevedra y Vigo. Ninguna, eso sí, como la pionera.

Las cifras así lo demuestran. La ría de Arousa es una de las zonas de producción de mejillón más importantes del mundo. Las 2.319 bateas que salpican estas aguas representan casi el 70 % de cuantas hay censadas en Galicia.

Llegados a este punto, para bucear en el origen de las bateas y de la industria del mejillón es preciso detenerse en dos factores. O en uno, quizás: la comunión entre personas y naturaleza.

Vayamos por partes. En primer lugar, la importancia del entorno. La ría de Arousa, dice Naciones Unidas, es una de las mayores reservas naturales de fitoplancton del mundo.

Algo así como un paraíso alimentario para bivalvos como el mejillón. Convertido hoy en uno de los superalimentos más apreciados por la ciencia.

La entrada de corrientes de agua fría procedentes del Atlántico renueva las aguas y las llena de nutrientes con una cadencia insólita a nivel mundial.

Ese regalo de la naturaleza permite obtener mejillones de un calibre excepcional y, sobre todo, de un sabor fuera de lo común.

Expresado de otra forma, Mejillones Doña Rosario solo podría haber venido al mundo en una ría como la de Arousa.

Solo aquí, en el corazón de las Rías Baixas, es posible producir y seleccionar piezas de un tamaño y sabor como los que enlatamos. Una materia prima de excepcional calidad para crear mejillones en escabeche únicos.

El origen de las bateas, las personas

El segundo pilar que explica el florecimiento de esta industria es el factor humano. Los bateeiros son gente especial, entregada; personas que han hecho de su oficio un arte. Un orgullo.

Que han pasado frío, se han mojado y durante muchos años se dejaron las manos y la espalda para cultivar ese superalimento que es el mejillón.

Un contingente humano que ha dado forma a un relato colectivo de excepcional valor. Que crearon una próspera industria de la nada.

Una forma de vida que han intentado copiar en otros puntos del planeta sin éxito.

Algo lógico, en el origen de las bateas solo hay maderas y flotadores, cuerdas y puntones. Pero no es ahí donde se esconden los secretos de mejillones como los de Doña Rosario.

Es en el poderoso matrimonio forjado entre los bateeiros y sus aguas. Ese es el auténtico secreto que se esconde tras la excepcional calidad de los mejillones de la ría de Arousa.

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